LA SAGRADA ESCRITURA
La Biblia es la única y suficiente Palabra de Dios y
autoridad teológica. Fuera de ella nada relevante hay. Es el depósito escrito y
revelado de toda verdad, de la única verdad y luz. La sensatez señala de
inmediato que los textos son sobrenaturales, primer argumento de su divinidad. La
Escritura es el pensamiento expreso de Dios, y en ella se registran su plan y
propósitos, su obra redentora y amor. Ninguna sabiduría humana accede al Creador.
La Biblia es infalible, normativa y final, de principio a fin, y su autor es el
Espíritu Santo, por eso es inspirada y perfecta. Los hagiógrafos fueron instrumentos
fieles del Autor. Es el libro divino escrito por humanos escogidos o escritores
sagrados. El precepto es hundirse en la Escritura, de donde emana la vida
eterna, la sabiduría, la paz y la felicidad. Escudriñar la Escritura con
reverencia y devoción es un mandamiento.
Mateo 24:35; Isaías 40:8; 2 Timoteo 3:15; Lucas 4:4; Juan
5:39


DIOS
Dios es el creador de los cielos y de la tierra, del ser
humano y de todo aquello que ves y no ves. Dios es el ser supremo, superior, el
alfa y el omega. Nada se le asemeja, nada se le parece. Nada hay antes o
después del trino Dios. Nacimos para adorarle y obedecerle. Es el Absoluto que
todo lo abarca.
Génesis
1:1; Éxodo 3:14; Juan 8:58

ATRIBUTOS DE DIOS
Dios es: uno, infinito, Espíritu, omnipotente,
omnipresente, omnisciente, sabio, perfecto, infalible, soberano, santo, justo,
fiel, bondadoso, misericordioso, amor.
Juan 4:24; 1 Reyes 8:27; Daniel 4:35

LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE DIOS
Aunque no es comprensible para una mente finita Dios es
una santa trinidad. El Padre es enteramente Dios, el Hijo es enteramente Dios,
el Espíritu Santo es enteramente Dios. Todo lo que es el Padre, lo es el Hijo y
el Espíritu Santo. Pero el Padre es el Padre, el Hijo es el Hijo y el Espíritu
Santo es el Espíritu Santo. Son tres Personas que componen un mismo Dios único,
indivisible y eterno. No son tres dioses. El Padre envía, el Hijo redime y el
Espíritu Santo santifica. El Espíritu Santo lleva al pecador a Cristo y el
Salvador al Padre. El único y suficiente mediador entre el ser humano y Dios es
Jesucristo. Todo ocurre dentro de la Trinidad, obviamente. Entonces decimos:
gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu santo. Gloria a Dios,
gloria a la Santísima Trinidad. Lo que no es el Padre, tampoco lo es el Hijo y
tampoco lo es el Espíritu Santo. Los Tres son increados y poseen los mismos
atributos. Nadie es mayor, mejor o menor.
Génesis 1:26; Mateo 28:19; Isaías 6:3


LOS ÁNGELES
Los ángeles son espíritus, inmortales, asexuados, creados
por Dios, con el propósito de que le sirvan. Los ángeles caídos e
irremediablemente condenados procuran nuestra desgracia y los leales a Dios nos
ayudan bajo Sus órdenes. Son millones y millones y no aceptan ni adoración,
plegarias ni alabanzas, porque rechazan todo asomo de idolatría. El ángel es un
siervo de Dios, un mensajero y un colaborador, sin libre albedrío. El Ángel de
Jehová es el Señor, dada sus características. El arcángel posee mayor jerarquía
que el ángel. Los hay querubines y serafines.
Daniel 7:10; 1 Timoteo 5:21; Mateo 25:4
SATANÁS
Satanás es el ángel caído y convicto sempiterno que quiso
ser semejante a Dios representando la arrogancia sublime. Es el príncipe de las
tinieblas, el dios de este siglo, el tentador, el enemigo de la redención y de
la felicidad. Es particularmente mentiroso y calumniador. Pretende destruir al
rebaño del Salvador enfriando la iglesia con falsas enseñanzas, sugerencias y
convicciones y saturándola con la corrupción de la modernidad y el libertinaje.
La codicia, la sensualidad, la calumnia, la envidia, la vanidad, la ira, la
mentira, la arrogancia, la necedad y el paganismo, son sus principales armas
para intentar perforar y desviar a los redimidos por la sangre preciosa.
Satanás y sus secuaces y seguidores serán arrojados al lago de fuego por
siempre. El que no se arrepiente de su estado pecaminoso y acepta a Jesucristo
como su Señor y Salvador es un súbdito devoto de Satanás.
Ezequiel 28:12-19; Isaías 14: 11-14; 2 Corintios 4:4;
Lucas 13:5


EL HOMBRE
El hombre es un ser caído, irredento, que extravió la luz
en el huerto del edén y que la puede recuperar mediante la gracia divina, la
sangre derramada en la cruz. La salvación es por fe la fe en Cristo Jesús y se
revela y estampa en la Sagrada Escritura. La conversión sincera y profunda a
Jesucristo es la única solución. Fuimos paridos para adorar al trino Dios,
mediante el Nazareno, en el ministerio del Espíritu Santo, y cumplir en la
tierra su santa voluntad. El alma humana es inmortal y libre.
Job 7:17; Mateo 4:17; Romanos 1:16-17; Efesios 5:14

LA TRINIDAD DEL HOMBRE
El hombre es una trinidad: espíritu, alma y cuerpo. La naturaleza del
alma es distinta a la del espíritu. La carne es la cáscara y el gran problema.
No comprender esta división sobrenatural es caótico. Con un espíritu despierto
besamos al Señor, con el alma acariciamos la tierra, la carne no mira al tercer
cielo. Es que es nuestro espíritu el que despierta y se regenera y le abre su
portón de par en par a la gracia divina, a la obra del Espíritu. El espíritu es
espiritual; el alma es anímica, sensual; la carne es física. Dios vive en el
espíritu, la individualidad en el alma y los sentidos en el cuerpo. El cuerpo
nos contacta con lo tangible, el alma revela la personalidad y el espíritu vivo
me permite adorar a Dios. En el alma tengo consciencia de mí mismo, en el
espíritu tengo consciencia de Dios, en la carne tengo consciencia del mundo
material. El alma se liga al mundo espiritual a través del espíritu, y al mundo
material a través del cuerpo. El espíritu regenerado somete al cuerpo a través
del alma y su libre albedrío. El alma une a la trinidad del ser humano y la transporta
a un solo objetivo. El cuerpo, mediante un alma en tinieblas, guía al espíritu
a postrarse cada día más a la mundanalidad, a la altivez y a la desidia. El
Espíritu Santo alimenta ese espíritu que despertó, el espíritu gobierna esa
alma que se rindió a Cristo, el alma redimida sojuzga entonces a la carne. Este
es el sendero de la santidad. El objetivo de la trinidad humana es postrarse
ante la Santísima Trinidad. Que el Espíritu se fusione con el espíritu. El
cuerpo es un templo de Dios. La razón y el sentido del deber son una bendición
del cielo.
http://latrinidaddelhombre.blogspot.cl
1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 4:12; Eclesiastés 10:5;
Levítico 19:2


EL PECADO
Haciendo uso de su libre albedrío Adán tomó la trágica
decisión de desobedecer a su Creador. Residía en el paraíso y mediante el
pecado original o primero cruzó un puente que lo incrustó en el reino de las
tinieblas, que no conocía, extraviando a toda la raza humana, ahora totalmente
corrupta. El pecado separa al hombre de Dios, el arrepentimiento sincero lo
vuelve al redil. Sin excepción, todo ser humano necesita redención. La paga del
pecado es muerte, condenación eterna, sin vuelta atrás. El pecado es errar el
blanco, y es altivez y obstinación, primeramente. Todos somos pecadores y sin
Cristo todos estamos perdidos. El puente de vuelta al reino de Dios se llama
Jesucristo, el segundo Adán. La salvación es personal. El ser humano tiene una
inclinación natural al mal, a pecar. Necesita restauración, mediante el camino
de la salvación. La libertad consiste en ya no ser esclavos del pecado, por
medio de la santa cruz. En un proceso extenso, que dura la vida entera, el
Espíritu Santo nos santifica. En el pecado no hay paz ni felicidad. El infierno
espera al irredento.
Génesis 3:6-7, 17; Mateo 7:23; Apocalipsis 21:7-8;
Romanos 6:23

JESUCRISTO
Jesucristo es Dios, el Hijo de Dios, el Unigénito del
Padre, el Juez, la profecía cumplida. En un sentido eternalmente único, en
Jesús habitaban la plenitud de la deidad y de la humanidad. Jesucristo era
enteramente hombre y enteramente Dios, es el Señor, es el único y suficiente
Salvador, el único y suficiente mediador entre Dios y los hombres, el Sanador. Jesús
de Nazaret es el Verbo encarnado, el Rey de reyes y Señor de señores, la luz
del mundo, el Mesías, el único perdonador, santo y perfecto, sin pecado, un ser
increado. Es una obligación del pecador arrepentirse y convertirse a Cristo
Jesús. Jesucristo, verdadero Dios, verdadero hombre. Nació de una virgen
concebida por obra y gracia del Espíritu Santo. La naturaleza humana de Jesús
no tuvo padre, la naturaleza divina de Jesús no tuvo madre. Se hizo como
nosotros, pero sin pecado. Fue un siervo, sacerdote y profeta, volverá como Rey
y Juez. Fuimos paridos para adorar a Jesucristo y buscar la llenura del
Espíritu.
Juan 1:12-14; Mateo 16:16; Mateo 7:24; Juan 8:46; Juan
8:51; Hechos 4:12; Colosenses 2:9; Mateo 28:18-20


LA OBRA DE CRISTO
A) LA MUERTE DE CRISTO.
Cristo, el Cordero de Dios, murió por nuestros pecados y
tenemos redención por su sangre derramada en la santa cruz. Él cargó con todos
nuestros pecados, enfermedades y sufrimientos. Cuando el Padre nos mira a
través de la cruz somos inocentes, por su gracia. La cruz es la autora de la
salvación eterna y entonces el hombre caído se reencuentra con su Creador. El
camino al cielo está abierto para todos. Fuera de la cruz no hay salvación.
1 Corintios 15:3; Hebreos 5:9; Juan 1:29


B) LA RESURRECCIÓN
DE CRISTO
La resurrección de nuestro Señor al tercer día es el gran
milagro, un suceso único. El cristianismo descansa y se sustenta en la
resurrección de Jesús. La expiación depende de este hecho histórico. Los
redimidos resucitarán por él.
Romanos 1:4; 1 Tesalonicenses 4:14; 2 Corintios 4:14

C) LA ASCENCIÓN DE CRISTO
El que descendió, ahora asciende al cielo y regresa a la
casa del Padre, para interceder y abogar por nosotros y ponerse por cabeza de
todo varón y someter todo bajo sus pies. Cristo es la cabeza de la iglesia y el
rey de reyes. Nuestra ciudadanía, que está en los cielos, comienza aquí, con la
conversión a Jesucristo.
Hechos 1:9; Juan 3:13; Lucas 9:51; Filipenses 3:20


LA EXPIACIÓN
Cada uno debería pagar por sus propios pecados. Cristo
murió en la cruz por nosotros y en el lugar de nosotros y nos reconcilió con el
Creador. Jesús era ahora el cordero del sacrificio ritual de sangre, el
“Cordero de Dios”. Ya no se necesitan más sacrificios, la obra del Nazareno,
puro e inocente, en el Calvario fue completa y perfecta y para toda la
humanidad, abriéndonos las puertas a la gloria de Dios. El hombre, un miserable
pecador, no se puede rescatar a sí mismo.
Juan 1:29; Hechos 2:23; Apocalipsis 5:6-10; Isaías 53:10


LA SALVACIÓN
Somos salvos por gracia, no por méritos o ritos sinceros.
El único mérito es la sangre derramada en la cruz. Lo primero es el
arrepentimiento total de todos los pecados, de nuestro estado calamitoso, y
después viene la voluntaria y profunda conversión a Cristo, aceptando al
Nazareno como único y suficiente Señor y Salvador, mediante la fe. La salvación
es por la fe. Ahora somos regenerados y justos delante del Padre Dios porque
fuimos justificados por la sangre preciosa derramada, y esto implica que en el
Tribunal final seremos declarados absueltos, bienaventurados. Desde la
conversión al Cristo de la gloria y hasta la muerte, el divino Espíritu Santo
nos purifica, nos guía por las sendas de la justicia conduciéndonos a la vida
eterna, a través de pruebas y victorias definitivas. Sólo en Cristo hay
salvación plena, una vida nueva, paz y seguridad. La cruz nos desvincula de las
miserias y del infierno. El arrepentimiento es un dolor profundo y genuino por
el pecado, acompañado por el máximo esfuerzo personal de abandonarlo. Jesús
golpea amorosamente la puerta de nuestro corazón y nos invita a compartir la
eterna gloria de Dios. El aspecto humano de la salvación eterna del alma
consiste en abrirle la puerta a Jesús. La conversión es una media vuelta definitiva
en donde el discípulo del Mesías camina ahora en dirección contraria, hacia la
casa del Padre. Pasas de una naturaleza indefectiblemente corrupta a una
naturaleza humana redimida. Con mi libre albedrío acepto a Cristo, siento a
Cristo, pienso y vivo para Cristo. Los que fallecen sin Cristo eternamente se
perderán, residiendo en el infierno sin posibilidades de salir de allí.
Efesios 2:8-9; Hechos 3:19; 2 Corintios 5:17; Apocalipsis
3:20; Ezequiel 33:11


LA SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN
La soberanía de Dios y la libertad del hombre, la
predestinación y el libre albedrío, conviven pacíficamente en la Sagrada
Escritura: ambas existen, ninguna se desestima. La contradicción entre ambas es
aparente. Sin convertirse en un titiritero,
Dios ha decretado un propósito sempiterno, por el cual predestinó todos los
acontecimientos de una determinada manera, desde la creación hasta el juicio
final, para dar cabal cumplimiento a su plan de redención. Este decreto le
permite optar al hombre entre el pecado o la salvación de su alma. Un Dios
santo demanda santidad, devoción. La santidad del Espíritu Santo es incuestionable.
“A los que
antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que
él sea el primogénito entre muchos hermanos.” Romanos 8: 29
El Todopoderoso ha
prefijado el orden de los tiempos, el número de células en cada hombre, el
tamaño de cada planeta y la ubicación geográfica de cada ser al nacer y de cada
átomo, mas no tiene participación en las transgresiones y blasfemias de los
hombres. Un Dios santo y soberano creó a un ser humano santo y libre.
Independiente de lo obrado por el tentador es el hombre el autor y responsable
de su pecado, del cual responderá personalmente en el último día. Conjeturar un
contexto en el cual el Padre sería el autor o coautor de la maldad es una
infamia. La gracia divina está abierta a toda la humanidad, gratis y las 24
horas del día, y no es una alegoría. Todo lo que el hombre sembrare eso segará.
Dios previó tu destino mas no lo determinó.
http://lasanapredestinacion.blogspot.cl
Deuteronomio 30:15; Hechos 7:51; Mateo 10:22; Juan 5:40

LA SANIDAD DIVINA
El amor o poder de Dios es tan extraordinario y sublime
que puede resucitar a un muerto, y obviamente sanará a un enfermo. Hemos
perdido la fe de la iglesia primitiva y el hospital está repleto de creyentes.
El poder sanador de Cristo no se ha marchado, nunca lo hace. “Y la oración de
fe sanará al enfermo”. Cuando la enfermedad también es un demonio actúa el
poder sanador y liberador de Dios. En otros casos el instrumento es el médico.
La sanidad divina está vigente y presente al que cree en su Palabra.
Mateo 8:16; Isaías 53:4-5; Marcos 6:13; Santiago 5:13-17;
Lucas 7:21-22


EL ESPÍRITU SANTO
El Espíritu Santo es Dios, la Tercera Persona de la Santísima
Trinidad. En el Espíritu Santo, el enviado de Dios, habita la plenitud de la
deidad, con todos sus atributos. Es quien guía al rebaño y les recuerda el
evangelio, trasladándonos a toda verdad, mediante la gracia. Es quien lleva al
pecador, libremente, a los pies de Jesucristo. Adoremos al Espíritu Santo, el
responsable de purificar, vivificar, consolar, entregar dones y preparar a los
discípulos del Salvador. El bautismo en el Espíritu Santo es una segunda obra de
gracia (Hechos 1:5) que limpia, alumbra y vigoriza al discípulo de Cristo. El
Espíritu te invita a orar, a ayunar, a clamar a Dios de rodillas, a predicar, a
solidarizar con el pobre, a alabar al Señor, como elementos del proceso de
purificación del redimido. Es el único representante de Cristo en la tierra.
Gloria al Espíritu Santo.
Génesis 1:2; Hebreos 9:14; Salmo 139:7-10; Mateo 20:19

LA IGLESIA
La iglesia de Dios es la suma de los pecadores
arrepentidos y convertidos a Jesucristo el Señor. Es el cuerpo de Cristo, su
manada pequeña. La iglesia en sí es un organismo no una organización, la
hermandad de los discípulos de Jesús, con sus apóstoles, evangelistas,
profetas, obispos, pastores, maestros y diáconos. La esposa de Cristo nace en
Pentecostés, desde la sangre preciosa derramada y concluirá junto con la era de
la gracia. La iglesia, que es la sal y luz de este mundo, tiene la misión de
hacer discípulos en todo el planeta, en adoración al Señor y en comunión con el
Padre, a través del Redentor. La iglesia es una, apostólica, santa y solidaria,
sometida cabalmente a la Sagrada Escritura, preocupándose del descarriado y del
desamparado. Cristo es la única cabeza de la iglesia.
Lucas 12:32; Efesios 4:11; Hechos 2:45-47; 1 Pedro 1:23
LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA
A) EL BAUTISMO EN
LAS AGUAS
El discípulo de Cristo se bautiza en las aguas consciente
y libremente “en el nombre del Padre,
del Hijo, y del Espíritu Santo”, por inmersión, porque ya es salvo, no para
serlo. El bautismo es el símbolo representativo de la salvación del alma, de la
muerte y resurrección en Cristo. Es la señal de que eres un hijo del Señor,
arrepentido y convertido.
Mateo 28:19; Hechos 2:38; Gálatas 3:27


B) LA CENA DEL SEÑOR
Es un rito instaurado por el propio Jesús para que el
discípulo pueda intimar con el propio Salvador y su propia salvación. Se
realiza en memoria de Él. El pan representa su cuerpo, la Encarnación. El pan
se reparte entre los que tienen hambre o necesidad de Dios. El vino representa
su sangre que va a ser derramada, la vida. Ambos son los símbolos de nuevo
pacto, que nace del sacrificio expiatorio. Sólo el corazón limpio cenará, si es
posible, en el día del Señor, las veces que el siervo de Dios lo indique, en el
Espíritu.
Juan 26:17-29
ACONTECIMIENTOS FINALES
Con el Génesis comienza todo y el Apocalipsis desentraña
el glorioso final. Y será predicado el evangelio de Cristo en todas las
ciudades y poblados del planeta y entonces vendrá el fin. Esta es la profecía que
entrega la pauta de todo lo que ocurrirá en los últimos tiempos tales como la
gran tribulación, el gobierno del anticristo, el rapto, la segunda venida, el
milenio, la nueva Jerusalén y otros.
Daniel 12:8; Mateo 24:14
“Arrepiente hoy de todos tus pecados, de tu estado
pecaminoso, y acepta a Jesucristo como tu Señor y Salvador”. Amén
EVANGÉLICO SOY
twitter.com/evangelico_soy
(23) Catecismo del pacto
(desde el Nuevo Testamento)
(desde el Nuevo Testamento)
(24) Al himnario del Salvador
(un poema a cada salmo de la Sagrada Escritura)
http://alhimnariodelsalvador.blogspot.com
(25) Apocalipsis luego
(comentario poético escueto al libro del Apocalipsis)
http://apocalipsisluego.blogspot.com
(un poema a cada salmo de la Sagrada Escritura)
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(25) Apocalipsis luego
(comentario poético escueto al libro del Apocalipsis)
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